Ahora trasladémonos a Valencia, últimamente cuna de la corrupción. Supongamos que nos escandaliza (como a muchos nos pasa) el "caso de los trajes". Nos parece vergonzosa la decisión del jurado que ha declarado inocentes al señor Camps y al señor Costa esta misma tarde. Nos avergüenza ver las imágenes en las que Camps sonríe aliviado porque nadie "le puede meter mano". También nos avergüenza ver la cantidad de recortes que se han hecho en sanidad y educación. También el resto de recortes en otros sectores. También el trato que se da a las personas que intentan manifestarse contra ello. También que se gasten millones y millones en edificaciones extremadamente caras para su escasa utilización. También que se haya llegado al punto de que suspender el Gran Premio de Fórmula 1 de Valencia sea igual de caro que celebrarlo... Seguiría pero me faltaría espacio en esta página...
Hasta aquí todo claro, ¿no?
Bien, pues digamos que esto es sólo un 10%, el 10% que vemos del gran iceberg que se esconde tras partidos de fascistas disfrazados de simpáticos señores que nos prometen salir de una crisis de la que no tenemos ninguna culpa, haciéndonoslo pasar peor que nunca. ¿Creéis que son tontos? ¿Que no hay más? ¿Que la policía y los jueces han pillado a todos los corruptos? ¿Que son 4 trajes? ¿Que son un par de finiquitos astronómicos? ¿Que se acabará pronto con esas personas que se aprovechan de todo?
Pues me da rabia decir que puede que eso sea el 10% y que nos vaya tan, tan, tan mal por culpa del 90% que se esconde. Y, como he dicho antes, sólo con el 10% que podemos ver, no podemos saber cómo es el 90% que está sumergido ni cuánto podemos acercarnos sin chocar contra él. Cualquier día se nos desmorona todo...
Y ¿qué hacemos los valencianos (esto se puede ampliar al resto de la población de España)? ¡Dejar que nos gobiernen!
Pues, ¿sabéis qué? Nos van a putear... ¡y eso duele!




