miércoles, 5 de enero de 2011

La rosa :)

Llegó la hora de marcharnos del hotel y envolví la preciosa rosa que un apuesto joven (:P) me había regalado dos noches antes y que había adornado la mesita de noche de la habitación, dando alegría a los despertares ^^ (¡qué bonito me ha quedao!). Puse la rosa entre la ropa, dentro de la maleta, con mucho cuidado para no romperla y durante el tiempo que llevé mi maleta hasta la calle, a la estación de autobuses y al puerto mi vista seguía la parte superior, donde estaba colocada la rosa. Hasta este momento todo bien. Pero subimos al barco, Lucía y yo, colocándonos de nuevo donde nos habíamos colocado a la ida hacia Tánger. Al dejar las maletas en el suelo, pudimos utilizarlas para apoyarnos o sentarnos, siempre controlando que el lugar donde estaba la rosa no se tocara. El caso es que conocimos a unos chicos muy simpáticos (uno más que el otro, el otro era un pelín raro, por ponerle un adjetivo) que se sentaron con nosotras. Jugamos a las cartas y hablamos durante horas (también unos más que otros) intentando compaginar italiano, castellano y alguna que otra palabra en árabe. El raro, llamémoslo así (xD), comenzó a apoyarse en la parte de la maleta donde estaba la rosa y le dije que tuviera cuidado. Pero a la 8ª o 9ª llamada de atención (por poner números, porque a mí me parecieron 200000 veces), el chico aún no se daba cuenta. Yo miraba a Lucía con desesperación y a la vez nos reíamos porque no creíamos que el chico no pudiera darse cuenta de que volvía a apoyarse en el sitio donde estaba claramente la "fiori". Así que como no se daba por aludido, saqué la rosa y la volví a poner en su sitio para que lo viera. Pero tampoco dio resultado. Así que como pude tiré de mala manera al raro de mi maleta y me senté encima, no donde estaba la rosa, claro (xD qué largo se hace esto). Entonces vino otro hombre que se unió a nuestras partidas de cartas y... ¿dónde fue a apoyar su brazo? ¿lo adivináis? (xD) Lucía y yo tuvimos un ataque de risa tremendo. Está claro que si lo hubiéramos grabado sería mucho más gracioso, pero bueno, sigo, que aún queda historia. Cuando por fin conseguimos deshacernos de brazos, piernas y cabezas ajenas sobre mi maleta... el cansancio y el despiste me pudieron y me senté sobre la maleta, esta vez sin cuidado... Mi cara debió ser un cuadro. Pero no le pasó nada. El resto del trayecto sólo hice que preocuparme por la rosa y de quién tocaba mi maleta. Hasta que llegamos a la guardia civil del puerto de Valencia. Mi maleta era sospechosa y tenían que registrarla. El hombre abre mi maleta y lo primero que hace es levantar la tela en la que está envuelta la rosa, sin cuidado ninguno, doblando mi querida rosa por la mitad. Yo, inconscientemente, desafiando a la autoridad le digo: ¡con cuidado! ¿Cómo se me ocurre? Gritarle a un Guardia Civil cómo tiene que hacer su trabajo. Menos mal que el tío era bonachón y dejó que le explicara que era una rosa y que le tenía ya un cariño tremendo. Y bueno, al final la saqué de la maleta y la llevé el resto del tiempo hasta casa en la mano. Esta es la crónica completa del viaje de mi rosa. O lo que es lo mismo: He cuidado la rosa todo el viaje :)
Las cosas se pueden contar de mil maneras, ¿no? ¡Cómo me enrollo! Y como este texto sólo le habrá hecho gracia a Lucía que es quien estaba allí conmigo, pues... para los demás la foto, que me ha quedado muy bonita :)

Y por supuesto, gracias por la rosa ;) 

2 comentarios:

  1. Hola! ¿Y por qué sólo le iba a hacer gracia a Lucía?. Yo también me he reído con tu forma de contarlo, jaja. Eso sí, he sufrido línea por línea casi tanto como tú por que no le pasara algo. Supongo que la moraleja es que todo lo que cuidas con mimo y empeño luego te da sus frutos: mira qué bonita luce ahora y mira qué historia te ha dado para contar! :)
    Como regalo de reyes te mando besitos de azúcar!


    Tiantian

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  2. Oh!! :) Muchas gracias! Más besitos para tí! Y has acertado con la moraleja ;)

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